lunes 25 de abril de 2011

PERDERSE.

Perderse es inevitable. Por muy buen sentido de la orientación que tengamos o a pesar de poseer los instrumentos y aparatos tecnológicos más avanzados del momento, a veces ocurre que miramos a nuestro alrededor y no sabemos dónde estamos; todo nos resulta extraño, diferente y esa sensación nos inquieta porque por alguna razón que no llegamos a comprender hemos perdido el norte y nos encontramos en medio de un mundo desconocido. Hay momentos en que todo parece irreal y lo más racional sería pensar que estamos soñando. Sin embargo hay otros momentos en que todo lo que captan nuestros sentidos esta de alguna manera deformado, distorsionado, alterado y entonces pensamos que el cerebro nos está jugando una mala pasada. Nos preguntamos cómo podemos diferenciar lo real de lo irreal, cómo podemos separar esos dos mundos, pero no encontramos respuestas. Solo nos queda continuar respirando, expectantes y alertas hasta que de forma inesperada percibamos un olor familiar, un sonido que nos traiga un recuerdo, una imagen que remueva algo en nuestro interior y nos haga saber que aún estamos vivos. Solo después de ese breve estremecimiento y de la violencia con que la vida nos sacude de nuevo volvemos a caminar como si nada hubiera pasado.

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