“Bueno Fernando, hasta dentro de dos meses seguro que no te veo”. Esas palabras enigmáticas las pronunció un conocido del pueblo ayer por la mañana. Me pudo la curiosidad y en un exceso de confianza le pregunté si se iba de viaje y éste, sonriendo y con una expresión que delataba felicidad me contestó: “sí, me voy a la Antártida”. “Qué suerte”, exclamé apesadumbrado y a continuación le deseé un buen viaje. Dos segundos después me hundí en mis pensamientos y debo confesarlo, sentí envidia ¿qué le vamos a hacer? No tengo ni idea de qué va a hacer este hombre en la Antártida durante dos meses, a lo mejor se va a cazar –asesinar- ballenas, pero lo cierto es que enseguida intenté ponerme en su lugar y la idea de viajar a la Antártida comenzó a resultarme de lo más apetecible. Es posible que no soportara el frío, que mis manos y pies sufrieran de manera inimaginable –quiero decir, más aún que en mi trabajo cuando es invierno- y que a los pocos días quisiera regresar a este valle donde vivo rodeado de parques naturales. De todas formas es inevitable pensar e imaginar, sobre todo esto último. Hay ciertos lugares en el planeta que todos deberíamos visitar obligatoriamente ya no por hacer turismo, no al menos el turismo convencional, sino simplemente para ver, conocer, aprender y darnos cuenta de que nuestro paso por el mundo es realmente insignificante. Estas palabras no tienen ningún sentido místico ni nada por el estilo, es que en realidad somos insignificantes. Sin embargo, a pesar de nuestra insignificancia somos capaces de hacer cosas maravillosas. Nunca es tarde. Cuántas veces hemos hecho cosas que durante años pensamos que no haríamos, cuántas experiencias hemos vivido. Hay un momento en la vida en que vemos el final a la vuelta de la esquina, no sé si esa sensación de vértigo se puede superar o controlar pero son muchos los que, en un último impulso por aferrarse a este mundo sacan la lista de tareas pendientes y sueños por cumplir y se ponen manos a la obra. Es un esfuerzo loable, la única manera que tenemos de hacer cuentas y de consolarnos ante esa putada que es nuestra propia muerte.
domingo 20 de febrero de 2011
LA ANTÁRTIDA
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