lunes 14 de septiembre de 2009

Por un lado tenemos al señor Chávez paseándose por el mundo, primero por las calles de Madrid, comprando libros, luego por Moscú comprando misiles. Hace nada le vimos en un importante festival de cine al que acudió para el estreno mundial de la película que un director hizo sobre su vida. Ahora existe la posibilidad de que Chávez cambie el Palacio de Miraflores por un chalet en Hollywood, a estas alturas todos sabemos lo mucho que le gusta actuar. Por otro lado tenemos a un famoso y elegante político español que nos advierte que el actual gobierno quiere instalar un régimen de terror. Y finalmente tenemos a miles de ciudadanos estadounidenses manifestándose en contra de un derecho fundamental del ser humano, como es el derecho a la atención sanitaria. Claro que a todo esto podemos añadir los constantes escándalos de un casanova italiano, al juez Garzón declarando en los tribunales, la paranoia de la gripe A. En fin, podríamos seguir sumando. Menos mal que ya ha empezado la liga y que ya es otoño en El Corte Inglés.

domingo 6 de septiembre de 2009

Domingo. El sol ilumina los tejados. El trocito de cielo que veo desde la ventana es completamente azul. Silencio. Es como si el tiempo se hubiera detenido. O como si hubiera dejado de tener importancia. Da igual que los minutos sigan sucediéndose en el reloj, que los astros sigan girando alrededor del sol. Este momento de tranquilidad vale más que todo el oro del mundo.

sábado 29 de agosto de 2009

Aparecen los primeros síntomas. El verde comienza a apagarse, poco a poco va perdiendo intensidad. En su lugar llegan los amarillos, ocres y marrones, las hojas apiladas debajo de los árboles como cadáveres. La decadencia, la muerte. El otoño.

viernes 21 de agosto de 2009

Salida 21.

Esteban salió de casa pasadas las 06:30. El cielo estaba completamente despejado, sin embargo llovía; no era agua sino pájaros abatidos por el calor. Se dirigió al coche, una vez dentro de él lo encendió, puso el climatizador a 18º C, miró por el retrovisor y salió a toda prisa. Se encontraba a gusto en el coche, no hacía calor, no sudaba; mientras tanto el mundo se preparaba para arder un día más. Era viernes, un día especial. Se paró en el peaje, cogió el tíquet y entró en la autopista. Enseguida se dio cuenta de que el paisaje incluso a 120 kilómetros por hora era desolador; todo había sido arrasado por las llamas, que no encontraron obstáculo alguno a su paso. Montañas enteras, urbanizaciones, coches. De pronto se hizo la noche, enormes columnas de humo subían hacia el cielo ahora completamente gris. Tomó la salida 21, cinco minutos después se detuvo, aparcó y salió del coche corriendo. Se oían gritos, alarmas, sirenas, motores. Era viernes, un día especial, no tendría que estar ahí, era uno de sus días libres; ya no podría recoger a Diana a las 09:00, ya no se bañarían juntos en las aguas del Mediterráneo. Llegó al vestuario después de varios tropezones que apenas sintió, se cambió, se puso las botas y el casco, y se subió a un camión que partió rumbo a las llamas. Diana vio las noticias en la televisión. Habían muerto todos. La noche se extendió sobre el mundo, las llamas continuaron avanzando.

miércoles 19 de agosto de 2009

De vez en cuando me da por entrar en el youtube a echar un vistazo. Nunca lo hago para ver los videos recomendados, los destacados o los más populares, sino para satisfacer mi curiosidad musical. Ayer, por ejemplo, se me ocurrió buscar vídeos del Ensamble Gurrufío, un grupo de música tradicional venezolana formado por unos cuantos virtuosos. Apure en un viaje ó El Trabadedos fueron algunas de las canciones con las que me deleité, pero de ahí pasé a Alirio Díaz, y entonces automáticamente busqué los valses venezolanos de Antonio Lauro. Fue así como descubrí a Ana Vidovic. La reacción fue instantánea: aumentaron el ritmo cardiaco y la sudoración, llené la estancia de suspiros, los ojos líquidos, las manos frías y húmedas, el abdomen rígido, el suelo se movía bajo mis pies, me quedé mudo, solo existía esa pequeña pantalla en la que esta mujer interpretaba exquisitamente los valses venezolanos 2 y 3 de Lauro con una maestría envidiable, una técnica perfecta, y un sentimiento femenino maravilloso, dándole un nuevo soplo de aire a las piezas. Tuve que buscar más, y enseguida vinieron Asturias de Albéniz, soberbia, y luego La Catedral de Mangoré, solemne. Me sentí emocionado, conmovido, desolado, arrasado. Y entonces me asaltó una pregunta inevitable, una interrogante con mil espinas: ¿te imaginas poder tocar así?. Creo que aún estoy vivo. ¡Gracias Ana!.

lunes 17 de agosto de 2009

Cuando regreso de vacaciones siempre tengo la sensación de que me he dejado muchas cosas por hacer, gente por visitar. Cada año, casi sin excepción, me voy a Galicia. Me paso todo el año recopilando información de lugares a los que puedo ir, hago un repaso de las zonas que me faltan por visitar, intento planificarlo por días pero siempre dejando una puerta abierta, una vía de escape por si el tiempo no acompaña. En Galicia todo depende de los frentes, sobre todo en verano. El clima atlántico es así, cambia constantemente. Tal vez por eso el gallego nunca sabe si sube o baja. Subir para abajo, o bajar para arriba, esa es la cuestión.

Total. Que este año también me he dejado cosas por hacer, lugares a los que ir y gente a la que visitar. Pero he podido cumplir un reto que me había propuesto: el camino primitivo en bicicleta. Es cierto que fueron cuatro días durísimos en los que he atravesado montañas sin parar, me he mojado, he sudado a chorros, he sufrido, he reído, he estado prácticamente solo manteniendo el mínimo contacto posible con el mundo. 355 kilómetros entre Oviedo y Santiago que me dejaron cansado, pero que volvería a recorrer sin dudarlo. Ahora mismo. El espíritu del viaje continúa vivo, se mantiene intacto. El viaje o la huida, no lo se. Viajar hacia atrás o huir hacia adelante, esa es la cuestión.

viernes 14 de agosto de 2009


Al fin en Santiago.